Escribe: Pepe Auth
El plan de reconstrucción amerita un análisis desprejuiciado y profundo que sólo es posible llevar adelante para aprobar, rechazar o modificar si la mayoría de la Cámara vota favorablemente la idea de legislar.
Aunque parece que hubiera transcurrido mucho tiempo, esta semana se cumplieron recién 2 meses del presidente Kast en el gobierno y del ministro de Hacienda Jorge Quiroz en la conducción económica del país. Aunque este último lleva muchos meses más ejerciendo como ministro de Hacienda in pectore, pues fue la única autoridad indubitable del futuro gobierno bastante tiempo antes del categórico triunfo electoral de José Antonio Kast.
Con una trayectoria reconocida en el ámbito económico como especialista en microeconomía y consultor de empresas, Jorge Quiroz era hasta hace pocos meses un completo desconocido para la opinión pública y apenas identificado en el ámbito político. Alumno de la Escuela de Economía de la Universidad de Chile en los años ochenta, permaneció completamente al margen de la efervescencia política en la que se enfrentaban entonces partidarios y detractores de la dictadura militar y del experimento económico neoliberal.
Sin ninguna experiencia en la gestión pública, ni en la gestión empresarial directa ni en la dirección de equipos profesionales, Jorge Quiroz es el ministro de Hacienda con menos experiencia previa en el Estado y menor participación política desde 1990. Pero al mismo tiempo es uno de los ministros de Hacienda más poderosos, sólo comparable a Alejandro Foxley en el gobierno de Aylwin y a Andrés Velasco a partir de la crisis subprime en el primer gobierno de Bachelet.
Porque el presidente Kast le otorgó el privilegio exclusivo de designarlo ministro antes de la elección, porque fue el factótum del programa económico, porque visó personalmente el reclutamiento del equipo de ministros asociados al crecimiento económico y porque cuenta con la confianza total de José Antonio Kast, explicada en parte por la inestimable relevancia que tuvo su sostén técnico en un periodo en que buena parte de los economistas de derecha participaban en la campaña de Evelyn Matthei.
Jorge Quiroz ejerce de manera incontrarrestable la conducción económica del gobierno y es el rostro casi exclusivo y excluyente del proyecto de ley de Reconstrucción, en el que decidió apostar casi la totalidad del programa económico del gobierno. Clave de este diseño era que la conducción y control político del gabinete residiera en el segundo piso dirigido por Alejandro Irarrázaval. Ambos compartieron roles claves en la conformación de este gabinete con mayoría de debutantes en la función pública e independientes sin trayectoria política previa.
Claro que a poco andar la pretensión de conducir el país desde la economía encontró sus límites en la sociedad y en la política. En la sociedad porque la decisión económica del ministro Quiroz de traspasar de una sola vez el alza de los combustibles a las personas provocó un efecto social que dejó en minoría a un gobierno que iniciaba su mandato con inéditos niveles de apoyo electoral. Y en la política, porque de no ser por la intervención in extremis de los ministros Alvarado y García Ruminot, el paquete de amortiguación de los efectos del alza habría naufragado en el Congreso.
Jorge Quiroz partió diciendo que su rol no era ser simpático ni popular, lo que es cierto. Pero que los ministros portavoces de los principales compromisos gubernamentales -recuperación económica y retroceso de la inseguridad- estén entre los menos estimados por la población representa un peso que perjudica severamente al gobierno y al presidente.
Ahora lo escuchamos decir en un seminario de especialistas que se va a encadenar a su propuesta de subsidio al empleo formal, a propósito de la crítica de reputados economistas de distintos sectores a su alto costo y baja efectividad. Lo han dicho incluso el expresidente del Banco Central Rodrigo Vergara y la candidata presidencial de Chile Vamos Evelyn Matthei. Aferrarse a sus ideas como si fueran una prisión no es la disposición que se requiere para sacar adelante su tarea.
Libérese de las cadenas, dispóngase a conversar, hágase cargo del riesgo real de profundizar el déficit fiscal que representa su proyecto, ábrase a alternativas de ingresos tributarios compensatorios, dialogue de verdad con todos los que estén dispuestos a hacerlo, no desconsidere los temores al retroceso de beneficios sociales, busque soluciones creativas, aproveche que por fin todos (o casi todos) comparten que necesitamos con urgencia volver a crecer.
Es cierto que hasta ahora ha contado con una oposición refugiada en las consignas fáciles y en la ilusión de un boicot imposible a la tramitación legislativa. Pero lea con atención el documento publicado esta semana por la Red de Centros de Pensamiento Progresista, porque se aleja de la caricatura habitual a la rebaja del impuesto corporativo y se dispone a conversar sobre eventuales compensaciones a la disminución de ingresos fiscales para el objetivo compartido de evitar que se profundice el déficit actual.
Los partidos de centroizquierda tendrán que hacerse cargo de la contradicción flagrante entre la disposición al diálogo sobre las medidas necesarias para la recuperación económica que preconiza este documento y el rechazo temprano y total a la idea de legislar el proyecto del gobierno.
Aunque fui miembro de la comisión de Hacienda los tres periodos en que ejercí como diputado, no soy economista, pero constato que la propuesta de restablecer invariabilidad tributaria sin pago previo y para proyectos de inversión sobre 50 millones de dólares tiene escaso respaldo entre los economistas de lado y lado, que el subsidio al empleo formal que se propone es transversalmente considerado muy caro e ineficiente y que se podría optar por extender y reforzar el subsidio unificado al empleo, reduciendo significativamente el impacto fiscal negativo del proyecto de ley, que el fin de las contribuciones a la primera vivienda para los adultos mayores perfectamente podría focalizarse excluyendo los más altos ingresos, que la propia Cámara Chilena de la Construcción ha propuesto medidas más eficaces que la provisoria exención de IVA, que la mayoría reconoce que el impuesto corporativo en Chile debe bajarse al promedio OCDE pero con compensaciones para no profundizar el déficit fiscal, que deben acortarse los permisos sectoriales a plazos razonables, en fin, cada una de las más de 40 medidas que contiene el plan de reconstrucción amerita un análisis desprejuiciado y profundo que sólo es posible llevar adelante para aprobar, rechazar o modificar si la mayoría de la Cámara vota favorablemente la idea de legislar.


